Crónicas de lo Cotidiano
Solo fue un “Table Dance”
Por Rodolfo Herrera Charolet


Aunque usted no lo crea, la siguiente narración está basada en hechos reales. Este artículo no debe ser leído por su cónyuge, según sea el caso.


¡De verdad! ¡Te lo juro! ¡No hice nada! Solo fue un “table dance”... de lejitos. Inútilmente Juan Penas se defendía de las acusaciones provenientes de su “media naranja”. Ella en su papel de esposa ofendida, increpaba al trasnochador de mi compadre que entre copas y truhanes, y como se dice, ya encarrerado el gato se corrió una parranda que no siendo la primera, tampoco ha sido la última.


Para el noctívago llegar a casa, antes que arribara el lechero, no fue el problema, sino que ahora, la culpa la tiene la “maldita” tecnología, según me confesó. Sucede que un inventor perverso concibió un “malicioso” mecanismo, mediante el cual, un teléfono “celular” se activa a “manos libres”. Así al tercer timbre de llamada “entrante”, sin requerir intervención alguna del poseedor de éste protervo aparato, se activa un micrófono-receptor para ser escuchado o escuchar, según sea el caso.
Sucede entonces, que cuando el nocherniego se encontraba en plena parranda, entre copas y “meseras” muy cariñosas que acostumbra “agasajar” a sus asiduos clientes, entró la misteriosa llamada y sin darse cuenta de que sus confidencias eran escuchadas por su esposa, quien lo busco a eso de las tres de la madrugada, fue “captado in fraganti” al prodigar “trato amable” y comedido a las camareras del lugar. ¡Si mi amor! ¡Lo que tu quieras! ¡Un Privado! ¡Claro!. Frases cotidianas del asiduo aventurero.
Usted ya sabrá lo que le pasaría al callejero esposo durante la madrugada, al llegar a su casa se le apareció el mismito “diablo”, cuando la furibunda mujer se le fue encima en calidad de bulto con espinas. Durante una semana lo quemó en la hoguera de su indiferencia, además de los tormentosos reproches y otras calamidades.
El pasado fin de semana el vagabundo de mi amigo no pasó lista de asistencia en el “Manhattan” un antro que recientemente hizo concurso de “tubo” a estilo de la conocida serie para adultos “Ameteur Girls” y “Swinger Party”, en ésta ocasión sus compinches acordaron noche “santa” por no haber “director de sesión” que pagara la cuenta. Acostumbrados a la “gorrita” se conformaron con un mezcal de dudosa reputación ingerido al pie de un árbol frente al kiosco cholulteca que fue concesionado a un particular en el año de 1999.
Ayer me encontré a Juan Penas, luciendo lentes oscuros, con el paso lento y un brazo en cabestrillo, se recupera pronto de sus dolencias y de sus quincenas perdidas en los “privados” del “Table Dance”. Dicen, que su esposa Elvira ya le levantó el castigo, asegurándome que ésta noche si “cenará Pancho”, desde luego que en el “privado” de su hogar.
… Esta historia continuará.




Cholula 3 de abril del 2007.
¿O no lo cree usted?